Anie siempre fue la chica más chapada al antigua que había conocido, a la que nunca le habría contado de mis amantes o las aventuras que con ellos tuve, una de esas chicas fresas que creen en el amor cursi y en que su príncipe azul existe, que solo aceptan dar un beso luego del tiempo que piden para pensar la respuesta a la tan esperada propuesta esa de; "¿Quieres ser mi novia?" (Ok, yo sé que eso ya no se estila, pero siempre me he preguntado, qué demonios tenían que pesar). Para mi sorpresa, el relato de Anie me hizo caer en cuenta de que el amor (al menos cuando lo parece ser) lo puede TODO.
Su historia empieza con una desilusión, conoció a un tipo con el cual coqueteaba y parecía ir todo viento en popa, pero un día todo el azúcar desapareció y comenzó perfilarse como la última chupada del mango, ya saben, el típico fulanito que se da cuenta que babeas por él y se siente el papi aunque fuese más feo que discurso de Maduro. Al principio ella pensó que era parte de su estrés o cualquier otra cosa que lo excusara, pero el día que la dejó plantada y después de tres horas la llamó para explicarle que su novia hizo que olvidará que tenían una cita, tomo lo poco que le quedaba de dignidad y se marchó a beber como los machos con los amigos de siempre.
Entre desilusión e ira ella bebió sin control, claro que su poca costumbre hizo que después de un par de copas la felicidad la embargara; luego de un par más, nadie la sacaba de la pista; con otro par, dejó de bailar para ponerse a saltar y gritar como loca; ya con las dos últimas copas de tequila. Gustavo, su amigo decidió que era hora de que alguien la llevara a casa y como todo un "hero" se autodesignó la misión. Anie un poco consiente de su estado, se disculpo durante el viaje con Gus por hacer que dejara la pachanga y actuara de niñero, le agradeció por no preguntar la razón de su descontrol, alagó su gentileza, le dijo que lo quería en varios idiomas y que tenía que estar en todas sus borracheras y al bajar del taxi la dulce chica fresa agradeció el ser salvada de un tropiezo con un apasionado beso.
Al día siguiente Anie, fue a apoyar en los coros a la banda donde Gus era el bajista, lo primero que hizo fue disculparse por su raro comportamiento la noche anterior, al mismo tiempo que trataba de esquivar la mirada de quien fue su salvador. Al final de la tocada, como de costumbre Gus y otro amigo iban por la ruta de ella, pero por azares del destino el "otro" tuvo que dejarlos, Anie, no sabía como disimular la pequeña incomodidad que sentía y solo atino a preguntarle a Gus si no acompañaría a su amigo, -No, voy contigo. Apuesto que aún tienes alcohol en la sangre.- dijo y ella respondió con una sonrisa...
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